Hace unos días hice un pequeño post sobre el festival Surf Music & Friends de Salinas. Ahora os voy a contar algunas cosillas como la ruta que hicimos con el coche y planes que fuimos cerrando sobre la marcha.

Esta era la segunda vez que íbamos a Salinas desde Madrid, la anterior había sido en el puente de Mayo.

Trayecto Madrid – Asturias:

Eso de todos los caminos llevan a Roma es especialmente cierto para ir a Asturias desde Madrid. Poniendo el Google maps te pone estas opciones:

La opción recomendada por ser la más rápida tiene el pequeño inconveniente de que tiene 2 peajes que suman en total 25€ (sólo ida).

Por casualidades del destino (o engaño premeditado), en el teléfono de Laura nos aparecía:

Con esta imagen en la cabeza y, viendo que la climatología durante el fin de semana era mucho más benigna en Cantabria que en Asturias (muy bonitos los Picos de Europa, pero retienen a las nubes y sus lluvias) decidimos optar por la ruta que va hacia Torrelavega.

Esta opción es de autovía hasta Burgos, para continuar 80 kms por carrtera (amplia y rápida, pero con coches de frente) hasta Aguilar de Campoo (hogar de mi amigo Pablo y cuna de las Galletas Gullón) y desde ahí otra vez autovía hasta Asturias.

Resulta que no parecía la primera ruta porque estaba desactivada la opción de rutas con peajes (nos dimos cuanta planificando la vuelta que mi GPS ponía una hora menos que el suyo, pero aún así decidimos volver por el mismo camino).

Salimos de Madrid temprano, por lo que a media mañana pudimos hacer nuestra primera parada turística:

SAN VICENTE DE LA BARQUERA:

Paramos en este bonito pueblo cántabro. Hacía sol y el parte decía que sería el mejor día del fin de semana, por lo que nos fuimos directamente a la playa:

Tras buscar en google, la playa del Merón nos pareció la más bonita de San Vicente de la barquera y creo que no nos equivocamos con la decisión. Esta playa está a un par de kilómetros del casco urbano, al que ni siquiera entramos, pero se ve que es un pueblo de esos llenos de encanto.

Cuando ya llevábamos un rato en la playa, y habíamos comprobado que  el agua del Cantábrico tiene una temperatura perfecta para estar todo el día bañándose,  mi amiga Paki contestó a mis Whasapp diciéndome que no estaba en el puebluco. Pero que había visto mi historia en Instagram (un vídeo cruzando la ría hacia la playa) y me dijo que la leyenda dice que si no pasas el puente con la nariz tapada no te casas, por lo que a la vuelta cumplí con el ritual. Toda una declaración de intenciones… No vaya a ser…

Como todavía era la hora de comer, me envió algunas recomendaciones que os comparto (nosotros habíamos comido prontito unos riquísimos bocadillos de tortilla que traíamos para el viaje).

* Cómete unas rabas en el Pejín. Unas navajas donde Abel y un corto en la Rampla.*

Tras un paseito digestivo hasta la otra punta de la playa pensamos que era buen momento para irnos. Mientras recogía las cosas para ir al coche me fijé en un niño que estaba acabando un dibujo con arena en su tabla de bodyboard, me encanta ver a pequeños con estas tablas aunque sea para coger espumas en la orilla y la curiosidad hizo que me fijase en su dibujo. Ojiplático me quedé con lo bien hecho que estaba ese tiburón y mi frikismo pensó que era una buena foto para subir a instagram y seguir mareando con la mesa redonda del día siguiente.

Ya en el coche, cuando estoy editándola me fijo que la firma pone Diego. Ahí si que el colapso mental fue total. Yo que soy galego y creo que meigas habelas, hainas me quedé petrificado. Si esto no es un fenómeno anormal que venga Iker Jiménez y me explique cuantas probabilidades hay de que pase algo así.

Con cara de WTF seguimos haciendo kilómetros, comprobando que cuanto más avanzábamos por Asturias, más gris se ponía el cielo.

SALINAS

Llegamos a Salinas justo para darnos una ducha, cambiarnos e ir a la charla de Luz Mar y Kepa Acero.No voy a profundizar en las vivencias del festival ya que os lo he contado todo en post:

Nos quedamos en el Hotel Castillo de Gauzón, que está a la entrada de Salinas,  muy cerquita de la estación de tren y a unos 500 metros de la zona de la playa donde se celebraba el festival.

El trato fue super familiar y la habitación una maravilla. Nos alojamos en la tercera y última planta completamente abuhardillada pero de techos altos. Teníamos un pequeño balconcito en el que pudimos desayunar la mañana del Sábado.

Aunque por la ventana casi no se aprecia, llovía. Estábamos algo cansados de la mojadura del día anterior y nos pareció buena idea ir unas horas a Oviedo, aprovechar para comer y dar un paseito antes de que fuese la charla en la que yo participaba.

OVIEDO

Hacía un montón de años que no pasaba por la capital del Principado y tengo que reconocer que me he llevado una grata sorpresa ya que no la recordaba tan bonita. Una ciudad señorial con un magnetismo especial que sólo desprenden algunos lugares.

Aparcamos en un estacionamiento céntrico, muy cerquita de la iglesia de San Juan Bautista, paseamos por una céntrica calle que no recuerdo su nombre, vimos Boteros que desconocíamos que estaban allí, el teatro Campoamor, la catedral y seguimos nuestro camino por callejuelas históricas hasta llegar al Fartuquín, la recomendación gastronómica de nuestro amigo Jaime.

Una clásica sidreria con bastante reputación en Oviedo por su relación calidad/precio. La verdad que un lugar acogedor, tranquilo y con muy buen producto. El menú 16 €.

Aprovechando la vuelta al coche para seguir callejeando pasamos por la zona de copas, pero no había mucho ambiente… quizás porque eran todavía las 4 de la tarde.

Volvimos a Salinas, tuvimos la mesa redonda más enriquecedora de la historia (que podéis leer en el post del festi) y fuimos felices en el festi.

La mañana del Domingo la dedicamos a pasear el Soho, ver tiendas y parte del campeonato Waterman Challenge. Aunque antes de hacer todo esto fuimos a desayunar a una de los locales más emblemáticas de todo Salinas, confitería Carmen. Siguiendo los consejos de los amigos locales que son los que más saben, nos pedimos Croissants de almendra. Aunque a Laura le parecieron demasiado dulces, yo me quedé encantado 😋😋

Una de las sorpresas del día fue precisamente tomando el café en esta confitería. Llegó a mis manos el periódico local y pude ver, no sólo la gran afición que existe en esta tierra por las piraguas y lo que veneran al descenso del Sella como para que sea la portada del día su ganador. Álvaro Fiuza, remero de Pontevedra y con el que compartí partidos de liga del instituto. Con lo localista que soy estaba “todo cheo” de orgullo.

Después de estar un ratito viendo a los superheroes del Waterman Challenge y ver que el día no acababa de abrir, decidimos salir a darnos un baño a Cantabria antes de deshacer el camino hacia Madrid. Fue en este trayecto cuando nos encontramos con “el corsita por europa” (del que hablamos en el anterior post); ellos iban camino a Santander para coger el ferry al Reino Unido y nosotros íbamos hacia Sanvi aunque finalmente optamos por conocer la playa de Comillas.

COMILLAS

No hace falta entrar en el pueblo para ir a la playa y esa fue nuestra primera opción. Después de varios kilómetros de bajada atravesando urbanizaciones y villas veraniegas, alcanzamos nuestro objetivo. Era Domingo y había que pagar parquímetro, que no lo digo ni por cutre ni por quejarme, es que si no sabes que el estacionamiento está regulado desde el 15 de Junio al 15 de Septiembre ininterrumpidamente igual tienes sorpresa. Fue Laura la que me dijo que a veces pasan estas cosas en pueblos de playa (yo hago gala de mi ruralismo desconociendo estas cosas) y por lo visto en los parabrisas de los coches, no era el único que desconocía esta circunstancia.

La playa es pequeñita pero coqueta. Las montañas, los caseríos y una estatua a lo lejos le dan cierto encanto, así como que hubiese algunas barquitas baradas en la arena y no fuesen yates que es lo que me esperaba. Además había unas microolas que hacían cuña y me lo pasé como un enano surfeando a pechito.

Habíamos dicho que la parada era para refrescarnos y despedirnos de la playa, aunque como yo no conocía el lugar y justo al salir coincidió que hablaba por teléfono con mi madre, me dijo que no podía irme sin ver al menos el Capricho de Gaudí, como íbamos con cierta prisa decidimos hacer una miniruta por el centro de Comillas sin bajarnos del coche.

Habíamos desayunado tarde y las opciones de comida de Comillas no eran lo que buscábamos. Queríamos invertir el menor tiempo posible en comer (y sinceramente tampoco gastarnos demasiado) pero eran ya las cinco y pico. Estábamos pensando en comprar los míticos sandwich de gasolinera cuando en Canales (un pueblo por el que se pasa para ir hacia la autovía) vi un cartel que encendió todas mis alarmas: alimentación.

Resultó estar cerrado, pero como buen establecimiento de rural que se precie había timbre. Acabamos con dos docenas de huevos, medio kilo de queso de hoja y una barra de pan. Esto es lo que se denomina “banquete regalo del karma”.

Una comilona súper local antes de llegar a Madrid fue el mejor cierre posible al finde que como siempre se hizo corto y nos dejó con ganas de más.

Diego Santos

2 thoughts

  1. Jajaja! Me quedé corta en indicaciones! Me encanta! No es lo mismo pasar el puente con la nariz tapada que aguantando la respiración! La próxima con más tiempo!

    1. Jajaja no te preocupes, aceptamos todos más indicaciones sobre tu precioso pueblo!!!

      Y lo de taparme la nariz era para no hacer trampas… Boca y nariz bien cerraditas todo el puente

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